«…He tatuado todas las partes del cuerpo excepto el pene, que no he tatuado nunca ninguno. Y no tatúo caras por ejemplo…»

Analía es una tatuadora argentina residente en Barcelona con larga trayectoria en el mundo del tatuaje, pero su historia es particularmente distinta a la de muchos. Luego de graduarse en lo que creía era su pasión; la radiología, dar clases y hasta recibir una beca por ello, Analía hizo un viaje que le haría replantearse su vida por completo y descubrir su verdadera vocación. Desde el estudio de la artista en el eixample de la Ciudad Condal, disfrutamos de una tarde de té y jazz, para conocer la historia emprendedora de una mujer cautivante, sencilla, dulce y rompedora, una zurda que nos encanta por su trabajo y su personalidad.

 

¿Cómo diste el salto del mundo de las ciencias al arte de tatuar?

Yo en Argentina era técnico radióloga con un postgrado en tomografía computada y resonancia magnética, era otro mundo. A los 26 años me vine a Barcelona de vacaciones con la idea de que si me gustaba, me quedaba por aquí. Comencé a trabajar en hostelería por unos años, pero una noche, saliendo de trabajar un poco agobiada, comencé a preguntarme: ¿qué voy a hacer? ¿a qué me quiero dedicar?, no quiero estar sirviendo copas toda mi vida… Recordé que tenía una asignatura pendiente de la niñez, era muy buena dibujando desde niña pero por cuestiones de la vida me olvidé y pasaron 20 años. Esa noche, mientras esas preguntas rondaban por mi cabeza, iba caminando por la calle y pasé un cartel de una escuela de dibujo, me apunté el teléfono y finalmente hice dibujo académico y pintura en aquel lugar. Como estaba rodeada de gente del mundo del tatuaje y me gustaba mucho, me animé y compré mi primer equipo. En un principio practiqué en orejas de cerdo, iba a la charcutería y encargaba las que estaban más enteras, la señora de allí estaba intrigadísima porque compraba siempre, hasta que le dije (risas). Tenía la nevera llena, tatué cientos de ella. Pero si me di cuenta que me sirvió mucho la parte de anatomía, porque a la hora de plantear los diseños y hacerlos fluir sobre el cuerpo sé perfectamente como funciona.

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¿Cuál fue tu primer tatuaje?

El primero me lo hice a mi misma, en el empeine, un dragón naciendo de una flor de loto que tiene todo un significado para mi. Mientras me lo hacía, no me dolía para nada, porque estaba tan atenta en la línea y hacia donde ir, que lo que menos pensaba era en el dolor. Luego pasé todo un tiempo trabajando en una tienda comercial donde hacía hasta diez tatuajes al día, cosas pequeñas. No comencé haciendo cosas gigantes sin experiencia, sino fue progresivo.

 

¿Cuál fue tu mayor reto en esos primeros tatuajes? ¿A qué aspecto tuviste que prestar más atención?

En principio toda mi atención la deposité en el dibujo, porque creo que para tatuar bien tenía que dibujar bien, y al estar dibujando hay casi siempre una predilección por algo en lo que uno fluye y se siente más cómodo. Luego a la hora de tatuar la técnica lleva un tiempo importante de desarrollo, sobre materiales, agujas, calibrar las maquinas… Ahora con las maquinas se ha evolucionado mucho, hay unas con las que puedes trabajar como si fuera un pincel, no tienen peso, ni ruido, con motores neumáticos y son fantásticas. Pero bueno, las maquinas tradicionales son complejas, tienen su mecánica que hay que conocer, si no está bien calibrada no funciona. Recuerdo que iba volviendo locos a todos mis compañeros: “la maquina no funciona…” hasta que te entiendes con tu propia herramienta, pero esto lleva tiempo.

 

¿Cómo es tu estilo a la hora de tatuar?

Yo no me caracterizo por un estilo particular, naturalmente hay gente que si, porque hacen tribal o tatuajes realistas. A mi me gusta interactuar con la persona, que me de su idea y luego interpretarla. Hay trabajos que por ejemplo no me gustan, como los tribales. Si me piden un brazo entero tribal pues prefiero pasarlo a algún colega que se que lo hace y le gusta, pero a mi, no es un trabajo que me interese y se que no voy a estar a gusto haciéndolo por ejemplo. Mi proceso es un poco eso, libertad e interpretar. Me gustan mucho los trabajos florales, las mujeres y la naturaleza. Así como los trabajos que combinan una parte lineal o de boceto con realismo, hacerlos para mi es como entrar en un estado de meditación, porque implica toda mi concentración en ello sin pensar en nada más.

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¿El cliente siempre tiene una idea o no?

Por lo general hay gente que tiene una idea formada, pero hay de todo, algunos lo tienen clarísimo y quieren una imagen en concreto, otros saben lo que quieren pero no se lo pueden imaginar, entonces en ese primer encuentro hay un feeling con la persona, una interacción, en donde quizá luego de veinte minutos de conversación surge la idea. Hacemos una segunda cita y la persona ve el dibujo, si le gusta, pues entonces ese mismo día podemos comenzar la sesión. Pero nunca hago dos tatuajes iguales, no los repito.

 

¿Qué es lo que menos te gusta tatuar?

Bueno lo que menos sería un escudo de un equipo de futbol, o cosas como un duende o un delfín, estos tatuajes antiguos que más bien la gente viene a taparlos.

 

¿Has tatuado todas las partes del cuerpo?

He tatuado todas las partes del cuerpo excepto el pene, que no he tatuado nunca ninguno. Y no tatúo caras por ejemplo, me parece que aunque seamos personas adultas y hagamos algo a conciencia, pueden pasar dos años y quizá ya no lo quieras. Creo que la cara es tu carta de presentación, tu identidad ante la vida y a mi personalmente no me gusta tatuar la cara, habré hecho una estrellita, un lunar, cosas puntuales, pero si viene alguien a decirme que quieren tatuarse medio rostro con un diseño, no. Es algo personal, no me siento cómoda. Sin embargo, me gusta tapar tatuajes, es como encontrar una solución a algo que una persona tiene, que antes le gustaba pero que ya no quiere, y cuando consigues taparlo es como decirle que si tiene solución, por eso me parece muy gratificante.

 

¿Con el láser se pueden eliminar?

Se puede, pero la piel nunca queda igual. Sobretodo cuesta eliminar los colores, cosa que no pasa con el negro, que es más fácil de quitar, los colores dan mucho más trabajo eliminarlos, porque se implantan más en la piel.

 

¿Cuál ha sido tu cliente más anecdótico?

Tengo uno muy especial que voy a tatuar dentro de poco, es de esta gente que ha vivido cincuenta y tantos años una vida de una forma, que luego de tantos años se dan cuenta que quieren vivir de otra completamente diferente, es como si renacieran y quieren dejar una huella, por eso se tatúan.

 

¿Cuántos tatuajes tienes?

Tengo siete tatuajes, que son pocos para ser tatuadora. Pero mis tatuajes marcan algo importante en mi vida, una etapa, un evento especial, una evolución. Cada vez que los miro me recuerdan algo. Siempre me gusta decir que son como una cicatriz escogida, por eso creo que no estoy tan tatuada.

 

¿A qué mujeres tatuadoras admiras?

Hay una tatuadora que trabaja en Madrid, que es fascinante, se llama Laura Juan, hace realismo y es admirable. Jo Harrison también me gusta mucho y hace cosas interesantes en el mundo del tatuaje.

 

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Actualmente asisto a un taller creativo, un grupo donde estoy en contacto con otros artistas y es una motivación constate. A raíz de esto me puse más en contacto con la pintura y surgió una idea de hacer un workshop, ya que como tengo material acumulado de trabajo de todos estos años, con este workshop quiero compartir estos trabajos. Y luego estoy muy metida en lo que es la re-utilización y restauración de todo tipo de objetos, así que también dedicaré tiempo a ello.

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Breves de Analía

Mujeres que admira: Rebecca Luciani, una ilustradora y gran amiga. Jazmin Wolf, una galerista que me inspira mucho. De forma global admiro a Frida Khalo, Anaïs Nin, Violeta Parra, Pina Bausch, Indira Ghandi, Madame Curie, entre muchas otras mujeres.

Hobby: practico Bicram Yoga, en una sala a 40º de temperatura y con sesiones de 90 minutos.

Música: Jazz, para pintar y tatuar. Portishead, Massive Attack, Nina Simone, Leonard Cohen, Cesária Évora, Salif Keïta, Goran Bregovic.

Películas: soy consumidora de cine, en especial el independiente. Entre mis favoritas están: El planeta libre (en francés La Belle Verte), El milagro de P. Tinto de los hermanos Fesser, El cielo sobre Berlín de Wim Wenders, El imaginario del doctor Parnassus de Terry Gilliam, Big Fish de Tim Burton y también In the mood of love de Wong Kar-wai.

 

 

 

Analía Zárate

Telf: +34 626 282 215
email: aztattoo@gmail.com
www.flickr.com/photos/aztattoo

 

 

 

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