De todos es sabido el incremento de utilización de blogueros de moda por parte de las marcas como mecanismo para publicitar sus productos, y es que es una forma de publicidad menos intrusiva y que normalmente provoca que el modelo (vestido, pantalones, bolso, perfume, zapatos, etc) de turno que el bloguero ha utilizado se agote en apenas unas horas desde el lanzamiento del post. El mundo de los “influencers” y de la “blogosfera” está en auge, sin embargo, cuidado con la publicidad engañosa o venderse a la marcas por beneficio propio sin tener en cuenta la verdad.

 

Por Beatriz Villaverde
@CreativaLegal

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Cuando redactas un blog, has de tener en cuenta diversas normas tanto legales como éticas. En el mundo de la publicidad existe múltiple regulación, pero no quiero aburriros con eso, simplemente apuntar que se debe tener en cuenta tanto la Ley General de Publicidad (LGP), la Ley de Competencia Desleal (LCD), como códigos de autorregulación como los dispuestos por AUTOCONTROL (Código Ético de Comercio Electrónico y Publicidad Interactiva).

 

Estas reglas del juego no pretenden otra cosa distinta más que permitir que el usuario/consumidor sea plenamente consciente de cuándo se trata de publicidad propiamente dicha y cuándo se trata de recomendaciones u opiniones reales.

 

Así, se entiende por publicidad “Toda forma de comunicación realizada por una persona física o jurídica, pública o privada, en el ejercicio de una actividad comercial, industrial, artesanal o profesional con el fin de promover de forma directa o indirecta la contratación de bienes muebles o inmuebles, servicios, derechos y obligaciones.”

 

Se considerará publicidad desleal por engañosa, «cualquier conducta que contenga información falsa o información que, aun siendo veraz, por su contenido o presentación induzca o pueda inducir a error a los destinatarios, siendo susceptible de alterar su comportamiento económico, siempre que incida sobre alguno de los siguientes aspectos: (…)”

 

En virtud de lo anterior, la calificación de publicidad engañosa podría venir determinada por la falta de información sobre la finalidad publicitaria, pudiendo inducir a error a los consumidores sobre su naturaleza y la forma de presentación del mensaje que, no resultando evidente por su contexto, pueda alterar el comportamiento económico del usuario o receptor de ese contenido.

 

Cobra especialmente relevancia este asunto cuando la marca que está “detrás del contenido” no aparece de manera clara. Y es que otro de los ilícitos ante los que podríamos hallarnos es la denominada publicidad encubierta:

 

“Se considera desleal por engañoso incluir como información en los medios de comunicación, comunicaciones para promocionar un bien o servicio, pagando el empresario o profesional por dicha promoción, sin que quede claramente especificado en el contenido o mediante imágenes y sonidos claramente identificables para el consumidor o usuario que se trata de un contenido publicitario.”

 

Y aquí es en donde encontramos el problema… ¿Cuántos posts leéis al día en el que os quedáis con la duda de si los productos (marcas) que te están recomendando están pagando a quien los recomienda o no? ¿Cuántas veces os preguntáis si es verdad lo que dicen o simplemente es la manifestación de un acuerdo comercial “encubierto”?

 

Es complicado saberlo, y es que por desgracia hoy en día hay miles de blogs patrocinados que incumplen la normativa y “engañan” de algún modo al consumidor. Aunque siempre ha de tenerse en cuenta, según la jurisprudencia, al “consumidor normalmente informado, razonablemente atento y perspicaz, teniendo en cuenta los factores sociales, culturales y lingüísticos”.

 

En cualquier caso, tal y como referenciaba anteriormente, ¿podría decirse que la “recomendación” por parte de un bloguero de moda de un producto concreto, se trata de una nueva forma de comunicación “comercial”. Se vende el contenido, y no tanto la marca como tal, una figura en la que el usuario decide voluntariamente acceder al contenido, una forma de comunicar que se vuelve interesante para el usuario que decide volver cada día y acceder a la misma.

 

En conclusión, en la actualidad, con una normativa “caduca” y ante los nuevos modelos de negocio, publicidad, contenidos existentes y desarrollados, lo más recomendable es aumentar el nivel de cautela y dar cumplimiento a las previsiones normativas de las que hemos hablado (esperando que en la mayor brevedad posible se pueda desarrollar una normativa más adecuada y aplicable a los tiempos que corren). En todo caso, siempre hay que estar al caso concreto para conocer si se están vulnerando o no las normas, lo que podría tener consecuencias legales.

 

Beatriz Villaverde

Socia Creativa Legal

@CreativaLegal

 

 

 

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