Viernes de Mayo a las 21.43 h. Terraza del Eixample. Es el cumpleaños de Susana y ha invitado a un grupo heterogéneo de amigos: de la universidad, de sus viajes, del trabajo. Le entrego el regalo a Susy, le doy un abrazo, saludo a los conocidos y me presenta a quienes no lo son.

23.20h. Alabo las virtudes culinarias de Susana, de corazón, porque carezco de cualquiera… Y de repente, una vez más como en cada reunión de treintañeros, en el rango horario establecido, llega la pregunta: “y tú: tienes pareja?”. Miro a mi alrededor y creo recordar que he venido sola, que me he presentado… sola y lo único que no se ha movido de mi lado es la bonita palma que tiene Susy en la terraza. Sonrisa. “No, estoy soltera”.

Ella tiene rasgos simétricos, maquillaje impecable y un vestido verde oscuro con un escote en V. Después de cogerle la mano a su galán de 3 kilos de gomina, me pone la que le queda libre en el muslo y con exactamente el mismo tono que adopta la abuelita de mi mejor amiga frunce el ceño y me mira con solemnidad mientras dice: “no te preocupes, ya llegará…” Yo sonrío y bebo un gran sorbo de lo que tengo en el vaso.

«Pienso en todas las mujeres que tienen que escuchar lo mismo en plena era del #MeToo»

Pienso en todas las mujeres que tienen que escuchar lo mismo en plena era del #MeToo. Pienso en aquellas periodistas, científicas, escritoras, cantantes, ingenieros conocidas por su trabajo y de las que nadie puede recordar el nombre de sus parejas… o si tuvieron alguna. Agradezco la preocupación compartida por padres, tíos, abuelos y colectivo en relaciones estables, pero yo no espero «que llegue”.

En noches como esta, me pongo mi pijama más cómodo, abro la nevera y me doy cuenta que no tengo leche para el café de la mañana y que ya es hora de hacer la colada. Puedo hacer sexting hasta que el barrio quede en silencio. Puedo revisar mi agenda y organizar el trabajo en columnas de papel al lado de la cama. Y soy feliz, porque puedo y lo hago.

Hoy duermo sola, porque “han llegado” y partido de mi lecho todos aquellos que no he querido que se queden… Y lo mejor es que estoy tranquila: a diferencia de Sherezade, ni mi vida ni mi independencia, dependen ni condicionan mis trasnochos.

Catalina Alonso.

Catalina Alonso Zurda

 

 

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